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Monthly ArchiveJunio 2016

José Miguel Peña Virgili - Primarias

Unas primarias deshabitadas: ¿de quién es la democracia?

Si bien debería movilizar masas e invocar sentidos de pertenencia en todos los sectores, las primarias electorales de 93 comunas del país, llevadas a cabo este día domingo 19 de junio, fue un absoluto fracaso en convocatoria. Los motivos, para muchos relacionados con la celebración del Día del Padre y con los festejos post goleada futbolera, fueron el reflejo de múltiples factores que hacen que la democracia, en nuestros tiempos, no sea prioridad. Mi nombre es José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del BíoBío, y les quiero hacer algunos comentarios al respecto de nuestra cada vez menos colorida “fiesta de la democracia”.

El duopolio, instalado tras la salida del poder de la dictadura, ha visto pasar por su lado a decenas de partidos y candidatos independientes que han florecido tan rápido como marchitado. La Nueva Mayoría y Chile Vamos, hoy denominados de manera renovada luego de portar nombres que dejaron de gozar de prestigio –si alguna vez lo tuvieron-, son la cara más visible de un proceso que está empezando a consolidar los síntomas de hastío que arrastra desde hace algunos años.

A pesar de que la escasa participación ya es un problema en sí mismo, más grave resulta aún el hecho de que no hace falta superar el pobre 6% de participación del domingo para que una u otra coalición alcance puestos públicos, pues ocurre que hemos dejado de atender la profunda relación que tiene la democracia con la representatividad y el hecho de pertenecernos, en cierta medida, a todos como país.

La idea de volver a instaurar el voto obligatorio no es más que una salida simplista a una crisis política altamente honda, que no requiere una inclusión en urnas sino en ideas, entendiendo que las decisiones nacionales son patrimonio de todos. Cuestionamientos al sistema de transportes, el descontento en educación, la eterna problemática de la salud y unas políticas habitacionales prácticamente desreguladas, son la piedra angular de una flagrante omisión de los deberes cívicos en respuesta a una sensación de indolencia generalizada en la ciudadanía frente a sus demandas a las autoridades.─ José Miguel Peña Virgili.

No hemos de olvidar la escasa representatividad con la que el actual gobierno llegó al poder y los muchos llamados que se hicieron a “renovar la política” de parte de todos los sectores. Además, se sigue profundizando aquella estadística en cada encuesta de medición de la satisfacción ciudadana, que sólo han servido para quitarle el respaldo a una clase poderosa que ha sido infinitamente menos práctica de lo que se esperaba, entrampándose en burocracias y procesos inconducentes.

Como arquitecto y constante interesado en las temáticas sociales, considero que es hora de un cambio en la manera en que las grandes problemáticas se asumen. La resolución de problemas no debe dar más trabajo, sino simplemente respuestas. Es necesario que volvamos a creer en que sirve de algo ponernos de acuerdo y empecemos a cosechar los frutos de ser una de las sociedades de mejor pasar en este rincón del planeta, haciéndonos cargo de una democracia que, aunque no queramos verlo, nos pertenece a todos.

Al parecer, las brechas que siempre hemos querido acortar se han alargado tanto, que ya es imposible generar el punto medio de antaño, que nos reunía a todos en torno a una urna. Hoy, quien está por descansar en una de ellas, es la democracia misma y la soledad completa en que quedó abandonada. Y no en una urna de papeletas, precisamente.

¿De qué forma creen ustedes que puede volver a acercarse la política a la gente?

¿Qué tan claro tenemos que los cambios se hacen desde adentro y no desde la pereza?

Espero sus comentarios.

 

José Miguel Peña Virgili.

 

José Miguel Peña Virgili - Iglesias de Chiloé

Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad

Estimados seguidores, mi nombre es José Miguel Peña Virgili y les quiero comentar, en esta ocasión, acerca de una acción notable de rescate de lo patrimonial, por parte de una institución que le da vigor a su posición en el país.

El pasado 26 de mayo se realizó la ceremonia de inauguración de “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”, exposición realizada por la Dirección de Extensión de la FAU y que contó con la charla magistral de Diego Ramírez, arquitecto egresado de la FAU, quien presentó su trabajo como parte del Programa Chiloé de la Facultad.

Este programa, con más de 40 laboriosos años de existencia, es el origen de un estudio acabado que vio sus primeros frutos en el año 2000, en la obra de los profesores Yoshiko Nakashima y Patricio Basáez. En febrero de 1976 fue cuando se dio inicio al estudio de la arquitectura de Chiloé mediante el “Programa de Protección y Desarrollo del Patrimonio Arquitectónico de Chiloé”. Luego de esa fecha, se publicó un libro temático y se presentó en Madrid un proyecto de financiamiento para la restauración de algunas iglesias.

Con el largo paso de los años, el proyecto fue ganando fuerza y una enorme trayectoria, con exposiciones fotográficas itinerantes y una retribución constante de conocimientos mediante cursos de extensión impartidos a los profesores de Ancud. Además, la puesta en escena de este tema en seminarios en Europa y la difusión del material investigativo en otras ciudades de Chile, terminó por otorgarle a las iglesias de Chiloé el merecido sitial que hoy ostentan en el panorama cultural nacional.─ José Miguel Peña Virgili.

La expo hoy

En la casona de la FAU se presenta esta exposición, con fotografías y maquetas de  iglesias -como la de Achao, Aldachildo, Castro, Chonchi, Colo, Dalcahue, Detif, Ichuac, Nercon, Quinchao, Rilan, San Juan, Tenaun, Vilipulli, Chelin y Caguach- de forma gratuita, para todo público y hasta el 28 de junio.

La principal virtud de este maduro vínculo entre la Universidad de Chile y Chiloé es el mutualismo surgido entre dos íconos de nuestro patrimonio, que se sirven entre sí para dar rescate al legado arquitectónico y cultural nacional, gracias a estudios que no buscan simplemente observar y analizar en silencio, sino que se manchan las manos con el ajetreo de la restauración y mantención de aquello que los convoca.

En Chile, la labor del área estudiantil está plenamente aprovecha do en proyectos como este, puesto que generan lazos con otros entes académicos y fomentan el turismo, la identidad y la ciencia, entregándole valor a construcciones representativas de la isla de Chiloé. Como parte del Patrimonio de la Humanidad, las iglesias de Chiloé tienen más de un siglo de existencia y describen pedazos de la vida de este pueblo, siendo, un efecto de su estudio, el mejor entendimiento de la historia trazada bajo cada una de sus construcciones.

Es vital el impulso ciudadano a la labor de la FAU en este proyecto. El conocimiento de quiénes somos, a pesar de ser tarea de todos, surge de las manos de quienes están llamados a ser los motores de difusión de un presente y pasado que nos congrega a todos como sociedad y que, en estas pequeñas exhibiciones, ofrece una oportunidad única de acercamiento.

Si la Universidad de Chile ya cumplió su labor, si el mundo está reconociendo la belleza de una herencia cultural, si todo está tan cerca, ¿cumplirá usted visitando “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”?

José Miguel Peña Virgili

José Miguel Peña Virgili - INBA

I.N. Barros Arana destruido por nuevo terremoto

  • Por José Miguel Peña Virgili

El estandarte de lo que debiera ser el ideal en educación pública de calidad para cualquiera que la defienda, más aún para quienes tuvieran visiones de izquierda o incluso anarquistas el Internado Nacional Barros Arana, fue ideado por el Presidente José Manuel Balmaceda el año 1887 para entregar educación y formación al pueblo, como única fórmula real de entregar libertad, porque los ignorantes nunca serán libres.

Así fue su desarrollo, al menos hasta la década de 1960 cuando comenzaron las reformas educacionales ideológicas en Chile. Se trataba de un internado que recibía estudiantes de todo Chile, de todas las condiciones socioeconómicas, quienes contaban no sólo con grandes aulas de clases, sino también con cine (lugar donde, además de la entretención, antes de la aparición de la televisión la ciudadanía se informaba de las noticias del mundo), piscina temperada, laboratorios, canchas deportivas, academias, librerías, correo, talleres, sastrería y un cuerpo académico que hacía clases en el Internado y paralelamente en Universidades.

Desde el Internado Barros Arana surgieron 18 premios nacionales, personalidades de todos los ámbitos sociales, económicos y de intereses como Patricio Aylwin, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Mario Recordón, Alipio Vera, Sergio Muñoz, Luis Maira, Nelson Ávila, Alberto Bachelet, Max Marambio, Ricardo Abumohor, Carlos Cardoen, o Reinaldo Solari.

En la dictadura fue usado por la DINA y la CNI como centro de torturas y muertes, pero felizmente fue rescatado por la Democracia, fundamentalmente por el gobierno del presidente Aylwin.

El Internado Nacional Barros Arana sufrió destrucción por los terremotos de 1985, que destruyó su estructura más antigua, y por el terremoto del año 2010, que provocó daños avaluados en US$1 millón de dólares.

Gracias a una donación de SQM de mismo monto, a fines del año 2010, durante el Gobierno del Presidente Piñera, logró los recursos para una completa restauración.

Sin embargo, un grupo de estudiantes provocó destrozos en todo el histórico colegio, estimados en $400 millones de pesos. Como todo daño patrimonial, en muchos aspectos se trata de destrozos irreparables.

Se trata de un nuevo terremoto, pero esta vez era predecible, era evitable, y se pueden tomar prevenciones para que no vuelva a ocurrir.

Lo que complica las cosas es que las históricas demandas de los estudiantes, siempre legítimas y apoyadas en general por la comunidad, hoy están encabezadas, no por líderes, que bien preparados y capacitados conduzcan a sus comunidades, sino que se trata de representantes, prácticamente de voceros que justifican la violencia, como si fuera táctica necesaria de una estrategia mayor.

Curiosamente la gran mayoría de las autoridades que hoy sufren con esta radicalización y violencia, como el Intendente Orrego o la Alcaldesa Tohá si lideraron federaciones de estudiantes en épocas de mucho menos libertad de expresión que hoy, pero con actitud republicana y buscando soluciones que no se encuentran en otro lugar que no sea conversar con el poder ejecutivo o legislativo.

La responsabilidad del Estado y del Gobierno hoy es considerar el escenario, evaluar las posibles consecuencias y adoptar las actitudes propias de quienes tienen que cuidar el bien común, construir un país, a veces incluso a pesar de decisiones que pueden ser impopulares, evitar caer en ambigüedades y no permitir que en honor a la libertad de expresión se destruyan los cimientos de una democracia, de una república que tantas vidas y esfuerzos costó a Chile.

Como sostenía el presidente Balmaceda, la verdadera libertad se tiene cuando se posee el conocimiento suficiente para decidir y luego se puede asumir la responsabilidad por actos realizados en absoluta conciencia. Hoy lamentablemente vemos el resultado de jóvenes sin lectura, sin espíritu de investigación, formados en la simple escucha de mensajes propagandísticos, en frases hechas, que siguen y repiten a quienes hablan con slogan, que son la contradicción e inconsecuencia misma.

Dios quiera que Chile sobreviva.

Me cuentan sus opiniones.

José Miguel Peña Virgili.

 

José Miguel Peña Virgili - Valparaíso

Valparaíso requiere mayor infraestructura portuaria, cuidando el patrmonio

  • Por José Miguel Peña Virgili

En toda una polémica local y regional se transformaron los proyectos de construcción del nuevo Terminal 2 del Puerto de Valparaíso y la edificación de un mall en el sector Barón del Puerto. Pero, como muchas veces, es necesario tener una o varias miradas en perspectiva para intentar rescatar los elementos positivos o negativos de estas obras que son más que proyectos, ya que han pasado sus respectivas etapas de evaluación y se encuentran muy avanzadas hacia su concreción.

Una ciudadanía empoderada no es la que solo se atreve a exigir acciones a sus autoridades, sino la que también se informa con anticipación y posee perspectivas más completas para que sus determinaciones tengan el suficiente fundamento, todo con el objetivo de que esas exigencias apunten al crecimiento y no a la autodestrucción.

En este sentido, lo primero es convenir que Valparaíso es una ciudad puerto que históricamente ha brillado en Chile y en el mundo por su importancia en dicho contexto, donde la esencia y riqueza total de la ciudad nace y puede morir en ser lugar de tránsito para la llegada y salida de mercancías, fundamentalmente, de todo el país, e incluso internacional.

Pero esa naturaleza tiene desafíos trascendentales que, más allá de discusiones acerca de detalles que pueden ser muy relevantes, la mirada en perspectiva debe obligarnos a observar. Se dice mundialmente que el rendimiento de un puerto es el mejor indicador acerca del nivel de la economía, y quizás de la calidad de vida de una nación. Ese ha sido el barómetro que significa Valparaíso para Chile.

El puerto es primero, es lo que da razón y existencia a la ciudad que se levantó a su alrededor y en su nombre. Luego, ese conjunto sinérgico es lo que ha dado fama y reconocimiento mundial por su patrimonio cultural por cerca de 500 años. Si el puerto es lo que dio vida a la ciudad, entonces la principal preocupación para el país y para todos debiera ser el cuidado de su desarrollo junto con la precaución ante las amenazas a estas condiciones.

Por otro lado, Valparaíso no está dentro de los 20 principales puertos del mundo que informa el Top World Container Ports, ni tampoco dentro de los puertos más destacados del Océano Pacífico, lugar que por lejos ocupan los países y zonas del lado asiático como China, Singapur, Malasia, Hong Kong, o Corea del Sur. Por el lado americano existen competidores muy fuertes que avanzan a pasos agigantados como Long Beach y Los Ángeles en Estados Unidos, Panamá, Guayaquil y Manta en Ecuador, El Callao en el Perú, e incluso los puertos de Arica y San Antonio en Chile, el primero de ello ayudado por el tránsito permanente de un cuarto de las exportaciones de Bolivia, mientras “Pancho” arriesga dormirse en los laureles.─José Miguel Peña Virgili.

En ese contexto, no cabe otra conclusión que la necesidad de sobrevivencia de construir el Terminal 2 del puerto.

La discusión entonces se une en perspectiva a la del mall del sector Barón, y se alinea con polémicas en otras zonas de Chile, como fue el levantamiento de un centro comercial en Chiloé: Ante la necesidad, el problema no es si construir o no construir, sino que hacerlo en armonía para potenciar el patrimonio y la identidad de una geografía natural o urbana.

Desde el año 1850 Valparaíso ha hecho noticia por destructivos e irreparables incendios de sus construcciones patrimoniales, lo que incluso provocó la fundación en el país del cuerpo de Bomberos, pero que hasta nuestros días dan cuenta de una necesidad urgente de protección que debiera ser más importante incluso que el miedo a nuevas construcciones que pudieran impedir verlas, descubrirlas, o por cierto reemplazarlas.

El año 2010, con posterioridad al Terremoto del 27/F, nació en Chile el Fondo del Patrimonio Cultural que desde entonces reúne aportes privados y públicos entorno a los $5 mil millones de pesos anuales para la restauración y conservación de sitios y obras urbanas de esas características. Sin duda fue un salto necesario y positivo para Chile, pero es absolutamente insuficiente para las reales necesidades, no olvidemos que el paso del tiempo implora cada vez con mayor urgencia ocuparse de las obras del pasado del puerto de Valparaíso, incluso más que de su presente y por supuesto de su futuro.

Saludos,

José Miguel Peña Virgili.

 

José Miguel Peña Virgili - Contaminación

Preemergencia en Santiago: cuando ya nada sirve

Saludos a todos mis lectores. Soy José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del BíoBio, y les quiero extender una inquietud respecto a la vida en Santiago y la contaminación propia de estas fechas.

El penúltimo fin de semana de junio fue algo más agitado de lo normal. Sumado al “efecto selección” y la culpabilidad que muchos le asignaron a los asados con que la familia esperaba el fútbol, el aire se puso altamente denso y fulminado de smog y contaminación en general, con niveles críticos de material particulado al punto tal de decretar preemergencia ambiental en la ciudad de Santiago.

Para el día lunes 20 la situación no fue mucho más alentadora, aun cuando en algo pareció menguar la toxicidad de la atmósfera respecto a la noche sabatina, que registró peaks altísimos, según palabras del titular de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Evidentemente, las medidas de restricción fueron las pertinentes y se restringió el tráfico vehicular, tanto para catalíticos como para tradicionales. Sin embargo, Badenier señaló que “cuando se decreta una preemergencia o una emergencia se toman medidas para disminuir las emisiones, obviamente asados familiares son situaciones muy difíciles de fiscalizar o poder evitar”.

Mi duda entonces es respecto a si se estarán o no haciendo bien las cosas en cuanto a políticas medioambientales en Chile. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber fomentado en los 90 el uso de vehículos catalíticos y luego, en los 2000, el uso del transporte público, hoy se esté apuntando a los asados familiares como responsables de la mala calidad del aire? ¿Se está, acaso, más interesado en buscar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio?─José Miguel Peña Virgili.

Lo cierto es que, tras varios intentos por hacer un cambio duradero en la situación de ventilación santiaguina, siempre se vuelve a los mismos discursos evasivos y la vida urbana en la capital se torna cada vez más ruda, haciéndose vital la toma de decisiones a largo plazo que realmente vayan en beneficio de la ciudadanía.

Es claro que cada ciudadano tiene ciertos deberes que cumplir que, en no pocas ocasiones, se evaden irresponsablemente y solamente se recuerdan a la hora de exigir derechos civiles. Es muy común que se olviden gestos básicos como el uso del automóvil solo cuando es estrictamente necesario, el uso apropiado de leña y, entre otros, no prender parrillas en días complicados; pero lo que aún es más común es ver cómo fracasa una y otra vez cada implementación descontaminante. Y ni hablar de la educación respecto al tema, que fracasa también en algo tan simple y funcional como la masificación de la bicicleta, a causa de ciclovías muy mal planificadas y casi nulamente interconectadas.

Una idea

Fuera de todo lo que ya se ha dicho, es importante tomar conciencia de que los riesgos de la contaminación son gravísimos para la vida citadina en general y, en vista de aquello, soluciones individuales pueden ser mucho más valiosas que la espera por una normativa gubernamental eficiente.

Como suele ocurrir, nuestro ojo debe estar puesto en países nórdicos a la hora de buscar un buen ejemplo en cualquier ámbito. En este caso, Copenhague sienta las bases de un plan vanguardista que pretende tenerla como ciudad carbono neutral en 2025.

Principalmente, las tácticas danesas tienen que ver con la transformación del transporte público en carbono neutral, el aumento porcentual de su uso, el aumento del uso de la bicicleta como medio principal, la implementación de nuevos combustibles y la introducción de techos verdes para edificios. Esto último, a mi parecer, representaría una absoluta novedad en nuestra capital, considerando que todo lo demás suena tan a imposible para algunas de nuestras autoridades. La creación de techos verdes para nuestros edificios permitiría el mejor aprovechamiento de las aguas lluvias, la estabilización de la temperatura en los alrededores y la descontaminación paulatina de la fracción atmosférica más cercana al piso.

Si bien la crítica es sencilla desde un escritorio, les dejo el llamado a la reflexión y los invito a compartir y opinar al respecto.

Saludos,
José Miguel Peña Virgili.