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José Miguel Peña Virgili - Torre Entel

La Torre Entel: Los casi 42 años de un ícono urbanístico santiaguino

Saludos a todos. Les escribe José Miguel Peña Virgili, para hablarles de uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura capitalina: la Torre Entel.

Terminada de erigir el 30 de agosto de 1974, este edificio es hoy una de las principales atracciones para los turistas que desean una postal santiaguina imperdible. Sus más de 120 metros de altura, su estilo futurista, las luces que anuncian su presencia desde varios kilómetros a lo lejos y todo lo que significa para muchos en términos de orientación, la vinculan con un pasado reciente de crecimiento y vanguardia arquitectónica.

Si bien fue construida en una década ajetreada políticamente y en medio de paralizaciones y descontento por parte de los trabajadores de la compañía, tardó apenas 4 años tras su finalización para comenzar a ser el lugar de operaciones de todos los equipos que cursan el tráfico internacional vía satélite, el terrestre Santiago-Mendoza, la Red Troncal Nacional sur y norte y, además, el punto de interconexión entre los servicios públicos de telefonía, televisión y radiodifusión.

Este edificio fue pensado como “La Torre Eiffel chilena” en 1967, fecha en la que se llamó a cuatro oficinas de arquitectos a concursar en su diseño. La agencia ganadora pertenecía al arquitecto Carlos Alberto Cruz, quien solicitó la participación de su hijo Carlos Alberto Cruz Claro y sus colegas Daniel Ballacey, Jorge Larraín Latorre y Ricardo Labarca Fernández.

Me declaro plenamente de acuerdo con las palabras del arquitecto Sebastián Gray en Plataforma Urbana cuando dice que esta torre es “icónica y fuera de lo común” y que, de hecho, “el conjunto que rodea a la torre es un buen marco, y a nivel de paisaje urbano está muy bien concebido”. Todo esto porque se sitúa en pleno centro de la ciudad –Alameda con Amunátegui, a metros de La Moneda- y en las inmediaciones de barrios patrimoniales que se enriquecen enormemente con su presencia.─José Miguel Peña Virgili.

Sin embargo, es en 1992 cuando se instala una tradición para esta torre que termina por envolver a toda la ciudadanía chilena. Ese año, tras una ardua planificación, se celebra la fiesta de año nuevo con un espectacular lanzamiento de fuegos artificiales desde casi 100 metro de altura, en un show pirotécnico que puede ser visto desde casi cualquier rincón de la ciudad.

La gracia de la existencia de íconos como este en las grandes ciudades va mucho más allá de la mera funcionalidad de una estructura tan alta como bien aprovechada. Urbanísticamente hablando, es importante  en la carta de presentación de una capital como Santiago, la aparición de elementos, tanto naturales como de obra humana, que permitan diferenciar su paisaje de cualquier otra urbe del mundo. En el caso de la Torre Entel, es tremendamente nutritivo el aporte que genera en una de las áreas más agitadas y es apreciable el valor agregado que le traspasa al bandejón de la Avenida Libertador Bernardo O´Higgins, al cerro Santa Lucía, la casa de gobierno y el cerro San Cristóbal, cada uno visible desde la cima del otro, como los hermanos más notables en una panorámica citadina de hermosos contrastes.

¿Qué tan suya siente el santiaguino a esta torre?

Espero sus opiniones y comentarios.

José Miguel Peña Virgili.

José Miguel Peña Virgili - Primarias

Unas primarias deshabitadas: ¿de quién es la democracia?

Si bien debería movilizar masas e invocar sentidos de pertenencia en todos los sectores, las primarias electorales de 93 comunas del país, llevadas a cabo este día domingo 19 de junio, fue un absoluto fracaso en convocatoria. Los motivos, para muchos relacionados con la celebración del Día del Padre y con los festejos post goleada futbolera, fueron el reflejo de múltiples factores que hacen que la democracia, en nuestros tiempos, no sea prioridad. Mi nombre es José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del BíoBío, y les quiero hacer algunos comentarios al respecto de nuestra cada vez menos colorida “fiesta de la democracia”.

El duopolio, instalado tras la salida del poder de la dictadura, ha visto pasar por su lado a decenas de partidos y candidatos independientes que han florecido tan rápido como marchitado. La Nueva Mayoría y Chile Vamos, hoy denominados de manera renovada luego de portar nombres que dejaron de gozar de prestigio –si alguna vez lo tuvieron-, son la cara más visible de un proceso que está empezando a consolidar los síntomas de hastío que arrastra desde hace algunos años.

A pesar de que la escasa participación ya es un problema en sí mismo, más grave resulta aún el hecho de que no hace falta superar el pobre 6% de participación del domingo para que una u otra coalición alcance puestos públicos, pues ocurre que hemos dejado de atender la profunda relación que tiene la democracia con la representatividad y el hecho de pertenecernos, en cierta medida, a todos como país.

La idea de volver a instaurar el voto obligatorio no es más que una salida simplista a una crisis política altamente honda, que no requiere una inclusión en urnas sino en ideas, entendiendo que las decisiones nacionales son patrimonio de todos. Cuestionamientos al sistema de transportes, el descontento en educación, la eterna problemática de la salud y unas políticas habitacionales prácticamente desreguladas, son la piedra angular de una flagrante omisión de los deberes cívicos en respuesta a una sensación de indolencia generalizada en la ciudadanía frente a sus demandas a las autoridades.─ José Miguel Peña Virgili.

No hemos de olvidar la escasa representatividad con la que el actual gobierno llegó al poder y los muchos llamados que se hicieron a “renovar la política” de parte de todos los sectores. Además, se sigue profundizando aquella estadística en cada encuesta de medición de la satisfacción ciudadana, que sólo han servido para quitarle el respaldo a una clase poderosa que ha sido infinitamente menos práctica de lo que se esperaba, entrampándose en burocracias y procesos inconducentes.

Como arquitecto y constante interesado en las temáticas sociales, considero que es hora de un cambio en la manera en que las grandes problemáticas se asumen. La resolución de problemas no debe dar más trabajo, sino simplemente respuestas. Es necesario que volvamos a creer en que sirve de algo ponernos de acuerdo y empecemos a cosechar los frutos de ser una de las sociedades de mejor pasar en este rincón del planeta, haciéndonos cargo de una democracia que, aunque no queramos verlo, nos pertenece a todos.

Al parecer, las brechas que siempre hemos querido acortar se han alargado tanto, que ya es imposible generar el punto medio de antaño, que nos reunía a todos en torno a una urna. Hoy, quien está por descansar en una de ellas, es la democracia misma y la soledad completa en que quedó abandonada. Y no en una urna de papeletas, precisamente.

¿De qué forma creen ustedes que puede volver a acercarse la política a la gente?

¿Qué tan claro tenemos que los cambios se hacen desde adentro y no desde la pereza?

Espero sus comentarios.

 

José Miguel Peña Virgili.

 

José Miguel Peña Virgili - Iglesias de Chiloé

Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad

Estimados seguidores, mi nombre es José Miguel Peña Virgili y les quiero comentar, en esta ocasión, acerca de una acción notable de rescate de lo patrimonial, por parte de una institución que le da vigor a su posición en el país.

El pasado 26 de mayo se realizó la ceremonia de inauguración de “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”, exposición realizada por la Dirección de Extensión de la FAU y que contó con la charla magistral de Diego Ramírez, arquitecto egresado de la FAU, quien presentó su trabajo como parte del Programa Chiloé de la Facultad.

Este programa, con más de 40 laboriosos años de existencia, es el origen de un estudio acabado que vio sus primeros frutos en el año 2000, en la obra de los profesores Yoshiko Nakashima y Patricio Basáez. En febrero de 1976 fue cuando se dio inicio al estudio de la arquitectura de Chiloé mediante el “Programa de Protección y Desarrollo del Patrimonio Arquitectónico de Chiloé”. Luego de esa fecha, se publicó un libro temático y se presentó en Madrid un proyecto de financiamiento para la restauración de algunas iglesias.

Con el largo paso de los años, el proyecto fue ganando fuerza y una enorme trayectoria, con exposiciones fotográficas itinerantes y una retribución constante de conocimientos mediante cursos de extensión impartidos a los profesores de Ancud. Además, la puesta en escena de este tema en seminarios en Europa y la difusión del material investigativo en otras ciudades de Chile, terminó por otorgarle a las iglesias de Chiloé el merecido sitial que hoy ostentan en el panorama cultural nacional.─ José Miguel Peña Virgili.

La expo hoy

En la casona de la FAU se presenta esta exposición, con fotografías y maquetas de  iglesias -como la de Achao, Aldachildo, Castro, Chonchi, Colo, Dalcahue, Detif, Ichuac, Nercon, Quinchao, Rilan, San Juan, Tenaun, Vilipulli, Chelin y Caguach- de forma gratuita, para todo público y hasta el 28 de junio.

La principal virtud de este maduro vínculo entre la Universidad de Chile y Chiloé es el mutualismo surgido entre dos íconos de nuestro patrimonio, que se sirven entre sí para dar rescate al legado arquitectónico y cultural nacional, gracias a estudios que no buscan simplemente observar y analizar en silencio, sino que se manchan las manos con el ajetreo de la restauración y mantención de aquello que los convoca.

En Chile, la labor del área estudiantil está plenamente aprovecha do en proyectos como este, puesto que generan lazos con otros entes académicos y fomentan el turismo, la identidad y la ciencia, entregándole valor a construcciones representativas de la isla de Chiloé. Como parte del Patrimonio de la Humanidad, las iglesias de Chiloé tienen más de un siglo de existencia y describen pedazos de la vida de este pueblo, siendo, un efecto de su estudio, el mejor entendimiento de la historia trazada bajo cada una de sus construcciones.

Es vital el impulso ciudadano a la labor de la FAU en este proyecto. El conocimiento de quiénes somos, a pesar de ser tarea de todos, surge de las manos de quienes están llamados a ser los motores de difusión de un presente y pasado que nos congrega a todos como sociedad y que, en estas pequeñas exhibiciones, ofrece una oportunidad única de acercamiento.

Si la Universidad de Chile ya cumplió su labor, si el mundo está reconociendo la belleza de una herencia cultural, si todo está tan cerca, ¿cumplirá usted visitando “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”?

José Miguel Peña Virgili

José Miguel Peña Virgili - INBA

I.N. Barros Arana destruido por nuevo terremoto

  • Por José Miguel Peña Virgili

El estandarte de lo que debiera ser el ideal en educación pública de calidad para cualquiera que la defienda, más aún para quienes tuvieran visiones de izquierda o incluso anarquistas el Internado Nacional Barros Arana, fue ideado por el Presidente José Manuel Balmaceda el año 1887 para entregar educación y formación al pueblo, como única fórmula real de entregar libertad, porque los ignorantes nunca serán libres.

Así fue su desarrollo, al menos hasta la década de 1960 cuando comenzaron las reformas educacionales ideológicas en Chile. Se trataba de un internado que recibía estudiantes de todo Chile, de todas las condiciones socioeconómicas, quienes contaban no sólo con grandes aulas de clases, sino también con cine (lugar donde, además de la entretención, antes de la aparición de la televisión la ciudadanía se informaba de las noticias del mundo), piscina temperada, laboratorios, canchas deportivas, academias, librerías, correo, talleres, sastrería y un cuerpo académico que hacía clases en el Internado y paralelamente en Universidades.

Desde el Internado Barros Arana surgieron 18 premios nacionales, personalidades de todos los ámbitos sociales, económicos y de intereses como Patricio Aylwin, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Mario Recordón, Alipio Vera, Sergio Muñoz, Luis Maira, Nelson Ávila, Alberto Bachelet, Max Marambio, Ricardo Abumohor, Carlos Cardoen, o Reinaldo Solari.

En la dictadura fue usado por la DINA y la CNI como centro de torturas y muertes, pero felizmente fue rescatado por la Democracia, fundamentalmente por el gobierno del presidente Aylwin.

El Internado Nacional Barros Arana sufrió destrucción por los terremotos de 1985, que destruyó su estructura más antigua, y por el terremoto del año 2010, que provocó daños avaluados en US$1 millón de dólares.

Gracias a una donación de SQM de mismo monto, a fines del año 2010, durante el Gobierno del Presidente Piñera, logró los recursos para una completa restauración.

Sin embargo, un grupo de estudiantes provocó destrozos en todo el histórico colegio, estimados en $400 millones de pesos. Como todo daño patrimonial, en muchos aspectos se trata de destrozos irreparables.

Se trata de un nuevo terremoto, pero esta vez era predecible, era evitable, y se pueden tomar prevenciones para que no vuelva a ocurrir.

Lo que complica las cosas es que las históricas demandas de los estudiantes, siempre legítimas y apoyadas en general por la comunidad, hoy están encabezadas, no por líderes, que bien preparados y capacitados conduzcan a sus comunidades, sino que se trata de representantes, prácticamente de voceros que justifican la violencia, como si fuera táctica necesaria de una estrategia mayor.

Curiosamente la gran mayoría de las autoridades que hoy sufren con esta radicalización y violencia, como el Intendente Orrego o la Alcaldesa Tohá si lideraron federaciones de estudiantes en épocas de mucho menos libertad de expresión que hoy, pero con actitud republicana y buscando soluciones que no se encuentran en otro lugar que no sea conversar con el poder ejecutivo o legislativo.

La responsabilidad del Estado y del Gobierno hoy es considerar el escenario, evaluar las posibles consecuencias y adoptar las actitudes propias de quienes tienen que cuidar el bien común, construir un país, a veces incluso a pesar de decisiones que pueden ser impopulares, evitar caer en ambigüedades y no permitir que en honor a la libertad de expresión se destruyan los cimientos de una democracia, de una república que tantas vidas y esfuerzos costó a Chile.

Como sostenía el presidente Balmaceda, la verdadera libertad se tiene cuando se posee el conocimiento suficiente para decidir y luego se puede asumir la responsabilidad por actos realizados en absoluta conciencia. Hoy lamentablemente vemos el resultado de jóvenes sin lectura, sin espíritu de investigación, formados en la simple escucha de mensajes propagandísticos, en frases hechas, que siguen y repiten a quienes hablan con slogan, que son la contradicción e inconsecuencia misma.

Dios quiera que Chile sobreviva.

Me cuentan sus opiniones.

José Miguel Peña Virgili.

 

¡Hola a todos!

¡Hola! Mi nombre es José Miguel Peña Virgili, soy un arquitecto egresado de la Universidad del Biobío con formación profesional en el Technische Universitat de Berlín, Alemania. Actualmente soy el CEO de INSATEC, donde me desempeño como arquitecto aplicando todos los conocimientos y la experiencia que he adquirido a lo largo de mi carrera. Me interesa crear instancias para poder conversar en torno a lo que me apasiona y exponer algunas situaciones relacionadas con la arquitectura y el urbanismo. Sean bienvenidos.