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José Miguel Peña Virgili - Concepción

Día del Patrimonio Cultural: ¿Qué nos hace sentir que estamos en Concepción?

  • Por José Miguel Peña, arquitecto Universidad del Biobío.

Este 29 de mayo nuestro país conmemora el Día del Patrimonio Cultural, momento para recorrer obras artísticas, ver esculturas o monumentos nacionales, pero también es la oportunidad para que la sociedad reflexione acerca de la importancia de cuidar la memoria, reflejada en su patrimonio arquitectónico.

Desde el punto de vista legal, en Chile existe desde el año 1970 la Ley 17.288 que protege los monumentos históricos, públicos ó arqueológicos, las zonas típicas y los santuarios de la naturaleza. Mientras, en el año 1972 la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), reunida en una convención mundial en París, definió que “Patrimonio Cultural” también son los monumentos y obras arquitectónicas, las obras de arte o arqueológicas, las construcciones humanas aisladas o reunidas, cuya arquitectura les da un valor excepcional, desde el punto vista histórico.

Entonces, la pregunta es ¿qué nos hace sentir que estamos en Talcahuano, en Chiguayante, en San Pedro de la Paz, en Penco, en Concepción o en cualquier otra ciudad del país?, ¿qué hace diferente a una ciudad y por consecuencia a sus ciudadanos de otra?

Esa es la importancia práctica de reconocer el patrimonio arquitectónico de una ciudad, protegerlo y restaurarlo, no borrarlo ni cambiarlo, de modo que perdure por generaciones para que así se enteren cómo vivieron y se desarrollaron sus antepasados y cómo proyectaron el futuro.

Lamentablemente, el tránsito acelerado de nuestra sociedad impide que uno pueda detenerse a observar la ciudad y percatarse de elementos que la hacen diferente o destacable. En este punto es relevante observar el fenómeno que está ocurriendo en Concepción, la capital regional del Biobío.

El terremoto de 1939, derrumbó la ciudad, que por entonces tenía una vida muy pausada, rodeada por la ruralidad, chacras, ó transporte a tracción animal. En esos años, el presidente Pedro Aguirre Cerda vio la oportunidad para transformar a Chile en un país industrializado, levantando la Corfo, la CAP o la Enap, entre muchas otras, y también generó un proceso de reconstrucción con el cual Concepción comenzó desde los años ‘40 un desarrollo arquitectónico que le otorgaría una identidad, que hoy muchos habitantes desconocen.

Por ejemplo, los visitantes que llegaban en ferrocarril a nuestra ciudad, ingresaban por la emblemática Estación Central de Concepción (hoy intendencia y gobierno regional), identificada por su mural aún existente (declarado monumento histórico el año 2008) y por una gran torre con reloj, en los que uno sabía la hora de llegada y de regreso, sin embargo a raíz del “desarrollo”, el año 2000 no fue considerado patrimonial, por lo que no existió restauración, sino que una “reinterpretación”, siendo reemplazado por un reloj digital cuya hora no se ve y ni siquiera funciona.

Posteriormente recorrían la calle Barros Arana, contemplando galerías comerciales, grandes portales, y marquesinas perfectas para una zona de frecuentes lluvias como Concepción, pasando por la Plaza de la Independencia, rodeada por una catedral, la Municipalidad y la Intendencia, y otros edificios que tampoco han sido restaurados, sino que borrados y reemplazados por estructuras de vidrio y acero.

En el mismo eje Barros Arana hay otros ejemplos: la destrucción de la fachada del antiguo Hotel Ritz en la esquina de Aníbal Pinto y como si esto fuera poco la desafortunada intervención de nuestro Palacio Castellón, por lo que esperemos que esta tendencia por el desarrollo no termine por destruir y borrar nuestra historia.

Aún en Concepción se conserva quizás el símbolo más imponente de esta ciudad post terremoto del ’39: el Edificio de Tribunales. Construido en 1949, ocupa la manzana completa, puede ser recorrido visual y peatonalmente por todo su espacio, como un eje que dirige la mirada y el andar desde Barros Arana hacia la Diagonal Pedro Aguirre Cerda que concluye en la Plaza Perú, y de esta hacia la Universidad de Concepción, que presenta otra gran torre, también con reloj: El Campanil, que junto al Arco de Medicina, levantado entre 1948 a 1954, son una insignia y una fotografía obligada para todo turista que finalmente aquí sabe que está en Concepción.

Entonces, si nuestra historia es relevante y nuestro patrimonio es historia, ¿por qué no conservamos nuestra historia?, ¿por qué borramos nuestro pasado y comenzamos cada vez desde cero?

En una sociedad consumista y práctica, la restauración o el cuidado tiene mayor costo en dinero y en tiempo, pero con esa mentalidad pronto veremos reemplazados los palafitos de Chiloé por modernos edificios de acero. Bien cabe un corolario para esta columna: Un Pueblo Sin Memoria es un Pueblo sin Futuro. Cuidemos el Patrimonio Arquitectónico de nuestras ciudades.

 

José Miguel Peña Virgili.-

José Miguel Peña Virgili - Contaminación

Preemergencia en Santiago: cuando ya nada sirve

Saludos a todos mis lectores. Soy José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del BíoBio, y les quiero extender una inquietud respecto a la vida en Santiago y la contaminación propia de estas fechas.

El penúltimo fin de semana de junio fue algo más agitado de lo normal. Sumado al “efecto selección” y la culpabilidad que muchos le asignaron a los asados con que la familia esperaba el fútbol, el aire se puso altamente denso y fulminado de smog y contaminación en general, con niveles críticos de material particulado al punto tal de decretar preemergencia ambiental en la ciudad de Santiago.

Para el día lunes 20 la situación no fue mucho más alentadora, aun cuando en algo pareció menguar la toxicidad de la atmósfera respecto a la noche sabatina, que registró peaks altísimos, según palabras del titular de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Evidentemente, las medidas de restricción fueron las pertinentes y se restringió el tráfico vehicular, tanto para catalíticos como para tradicionales. Sin embargo, Badenier señaló que “cuando se decreta una preemergencia o una emergencia se toman medidas para disminuir las emisiones, obviamente asados familiares son situaciones muy difíciles de fiscalizar o poder evitar”.

Mi duda entonces es respecto a si se estarán o no haciendo bien las cosas en cuanto a políticas medioambientales en Chile. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber fomentado en los 90 el uso de vehículos catalíticos y luego, en los 2000, el uso del transporte público, hoy se esté apuntando a los asados familiares como responsables de la mala calidad del aire? ¿Se está, acaso, más interesado en buscar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio?─José Miguel Peña Virgili.

Lo cierto es que, tras varios intentos por hacer un cambio duradero en la situación de ventilación santiaguina, siempre se vuelve a los mismos discursos evasivos y la vida urbana en la capital se torna cada vez más ruda, haciéndose vital la toma de decisiones a largo plazo que realmente vayan en beneficio de la ciudadanía.

Es claro que cada ciudadano tiene ciertos deberes que cumplir que, en no pocas ocasiones, se evaden irresponsablemente y solamente se recuerdan a la hora de exigir derechos civiles. Es muy común que se olviden gestos básicos como el uso del automóvil solo cuando es estrictamente necesario, el uso apropiado de leña y, entre otros, no prender parrillas en días complicados; pero lo que aún es más común es ver cómo fracasa una y otra vez cada implementación descontaminante. Y ni hablar de la educación respecto al tema, que fracasa también en algo tan simple y funcional como la masificación de la bicicleta, a causa de ciclovías muy mal planificadas y casi nulamente interconectadas.

Una idea

Fuera de todo lo que ya se ha dicho, es importante tomar conciencia de que los riesgos de la contaminación son gravísimos para la vida citadina en general y, en vista de aquello, soluciones individuales pueden ser mucho más valiosas que la espera por una normativa gubernamental eficiente.

Como suele ocurrir, nuestro ojo debe estar puesto en países nórdicos a la hora de buscar un buen ejemplo en cualquier ámbito. En este caso, Copenhague sienta las bases de un plan vanguardista que pretende tenerla como ciudad carbono neutral en 2025.

Principalmente, las tácticas danesas tienen que ver con la transformación del transporte público en carbono neutral, el aumento porcentual de su uso, el aumento del uso de la bicicleta como medio principal, la implementación de nuevos combustibles y la introducción de techos verdes para edificios. Esto último, a mi parecer, representaría una absoluta novedad en nuestra capital, considerando que todo lo demás suena tan a imposible para algunas de nuestras autoridades. La creación de techos verdes para nuestros edificios permitiría el mejor aprovechamiento de las aguas lluvias, la estabilización de la temperatura en los alrededores y la descontaminación paulatina de la fracción atmosférica más cercana al piso.

Si bien la crítica es sencilla desde un escritorio, les dejo el llamado a la reflexión y los invito a compartir y opinar al respecto.

Saludos,
José Miguel Peña Virgili.