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José Miguel Peña Virgili - Concepción

Día del Patrimonio Cultural: ¿Qué nos hace sentir que estamos en Concepción?

  • Por José Miguel Peña, arquitecto Universidad del Biobío.

Este 29 de mayo nuestro país conmemora el Día del Patrimonio Cultural, momento para recorrer obras artísticas, ver esculturas o monumentos nacionales, pero también es la oportunidad para que la sociedad reflexione acerca de la importancia de cuidar la memoria, reflejada en su patrimonio arquitectónico.

Desde el punto de vista legal, en Chile existe desde el año 1970 la Ley 17.288 que protege los monumentos históricos, públicos ó arqueológicos, las zonas típicas y los santuarios de la naturaleza. Mientras, en el año 1972 la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), reunida en una convención mundial en París, definió que “Patrimonio Cultural” también son los monumentos y obras arquitectónicas, las obras de arte o arqueológicas, las construcciones humanas aisladas o reunidas, cuya arquitectura les da un valor excepcional, desde el punto vista histórico.

Entonces, la pregunta es ¿qué nos hace sentir que estamos en Talcahuano, en Chiguayante, en San Pedro de la Paz, en Penco, en Concepción o en cualquier otra ciudad del país?, ¿qué hace diferente a una ciudad y por consecuencia a sus ciudadanos de otra?

Esa es la importancia práctica de reconocer el patrimonio arquitectónico de una ciudad, protegerlo y restaurarlo, no borrarlo ni cambiarlo, de modo que perdure por generaciones para que así se enteren cómo vivieron y se desarrollaron sus antepasados y cómo proyectaron el futuro.

Lamentablemente, el tránsito acelerado de nuestra sociedad impide que uno pueda detenerse a observar la ciudad y percatarse de elementos que la hacen diferente o destacable. En este punto es relevante observar el fenómeno que está ocurriendo en Concepción, la capital regional del Biobío.

El terremoto de 1939, derrumbó la ciudad, que por entonces tenía una vida muy pausada, rodeada por la ruralidad, chacras, ó transporte a tracción animal. En esos años, el presidente Pedro Aguirre Cerda vio la oportunidad para transformar a Chile en un país industrializado, levantando la Corfo, la CAP o la Enap, entre muchas otras, y también generó un proceso de reconstrucción con el cual Concepción comenzó desde los años ‘40 un desarrollo arquitectónico que le otorgaría una identidad, que hoy muchos habitantes desconocen.

Por ejemplo, los visitantes que llegaban en ferrocarril a nuestra ciudad, ingresaban por la emblemática Estación Central de Concepción (hoy intendencia y gobierno regional), identificada por su mural aún existente (declarado monumento histórico el año 2008) y por una gran torre con reloj, en los que uno sabía la hora de llegada y de regreso, sin embargo a raíz del “desarrollo”, el año 2000 no fue considerado patrimonial, por lo que no existió restauración, sino que una “reinterpretación”, siendo reemplazado por un reloj digital cuya hora no se ve y ni siquiera funciona.

Posteriormente recorrían la calle Barros Arana, contemplando galerías comerciales, grandes portales, y marquesinas perfectas para una zona de frecuentes lluvias como Concepción, pasando por la Plaza de la Independencia, rodeada por una catedral, la Municipalidad y la Intendencia, y otros edificios que tampoco han sido restaurados, sino que borrados y reemplazados por estructuras de vidrio y acero.

En el mismo eje Barros Arana hay otros ejemplos: la destrucción de la fachada del antiguo Hotel Ritz en la esquina de Aníbal Pinto y como si esto fuera poco la desafortunada intervención de nuestro Palacio Castellón, por lo que esperemos que esta tendencia por el desarrollo no termine por destruir y borrar nuestra historia.

Aún en Concepción se conserva quizás el símbolo más imponente de esta ciudad post terremoto del ’39: el Edificio de Tribunales. Construido en 1949, ocupa la manzana completa, puede ser recorrido visual y peatonalmente por todo su espacio, como un eje que dirige la mirada y el andar desde Barros Arana hacia la Diagonal Pedro Aguirre Cerda que concluye en la Plaza Perú, y de esta hacia la Universidad de Concepción, que presenta otra gran torre, también con reloj: El Campanil, que junto al Arco de Medicina, levantado entre 1948 a 1954, son una insignia y una fotografía obligada para todo turista que finalmente aquí sabe que está en Concepción.

Entonces, si nuestra historia es relevante y nuestro patrimonio es historia, ¿por qué no conservamos nuestra historia?, ¿por qué borramos nuestro pasado y comenzamos cada vez desde cero?

En una sociedad consumista y práctica, la restauración o el cuidado tiene mayor costo en dinero y en tiempo, pero con esa mentalidad pronto veremos reemplazados los palafitos de Chiloé por modernos edificios de acero. Bien cabe un corolario para esta columna: Un Pueblo Sin Memoria es un Pueblo sin Futuro. Cuidemos el Patrimonio Arquitectónico de nuestras ciudades.

 

José Miguel Peña Virgili.-

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - Torre Entel

La Torre Entel: Los casi 42 años de un ícono urbanístico santiaguino

Saludos a todos. Les escribe José Miguel Peña Virgili, para hablarles de uno de los edificios más emblemáticos de la arquitectura capitalina: la Torre Entel.

Terminada de erigir el 30 de agosto de 1974, este edificio es hoy una de las principales atracciones para los turistas que desean una postal santiaguina imperdible. Sus más de 120 metros de altura, su estilo futurista, las luces que anuncian su presencia desde varios kilómetros a lo lejos y todo lo que significa para muchos en términos de orientación, la vinculan con un pasado reciente de crecimiento y vanguardia arquitectónica.

Si bien fue construida en una década ajetreada políticamente y en medio de paralizaciones y descontento por parte de los trabajadores de la compañía, tardó apenas 4 años tras su finalización para comenzar a ser el lugar de operaciones de todos los equipos que cursan el tráfico internacional vía satélite, el terrestre Santiago-Mendoza, la Red Troncal Nacional sur y norte y, además, el punto de interconexión entre los servicios públicos de telefonía, televisión y radiodifusión.

Este edificio fue pensado como “La Torre Eiffel chilena” en 1967, fecha en la que se llamó a cuatro oficinas de arquitectos a concursar en su diseño. La agencia ganadora pertenecía al arquitecto Carlos Alberto Cruz, quien solicitó la participación de su hijo Carlos Alberto Cruz Claro y sus colegas Daniel Ballacey, Jorge Larraín Latorre y Ricardo Labarca Fernández.

Me declaro plenamente de acuerdo con las palabras del arquitecto Sebastián Gray en Plataforma Urbana cuando dice que esta torre es “icónica y fuera de lo común” y que, de hecho, “el conjunto que rodea a la torre es un buen marco, y a nivel de paisaje urbano está muy bien concebido”. Todo esto porque se sitúa en pleno centro de la ciudad –Alameda con Amunátegui, a metros de La Moneda- y en las inmediaciones de barrios patrimoniales que se enriquecen enormemente con su presencia.─José Miguel Peña Virgili.

Sin embargo, es en 1992 cuando se instala una tradición para esta torre que termina por envolver a toda la ciudadanía chilena. Ese año, tras una ardua planificación, se celebra la fiesta de año nuevo con un espectacular lanzamiento de fuegos artificiales desde casi 100 metro de altura, en un show pirotécnico que puede ser visto desde casi cualquier rincón de la ciudad.

La gracia de la existencia de íconos como este en las grandes ciudades va mucho más allá de la mera funcionalidad de una estructura tan alta como bien aprovechada. Urbanísticamente hablando, es importante  en la carta de presentación de una capital como Santiago, la aparición de elementos, tanto naturales como de obra humana, que permitan diferenciar su paisaje de cualquier otra urbe del mundo. En el caso de la Torre Entel, es tremendamente nutritivo el aporte que genera en una de las áreas más agitadas y es apreciable el valor agregado que le traspasa al bandejón de la Avenida Libertador Bernardo O´Higgins, al cerro Santa Lucía, la casa de gobierno y el cerro San Cristóbal, cada uno visible desde la cima del otro, como los hermanos más notables en una panorámica citadina de hermosos contrastes.

¿Qué tan suya siente el santiaguino a esta torre?

Espero sus opiniones y comentarios.

José Miguel Peña Virgili.

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - Condominios sociales

El duro trabajo por hacer sobre los condominios sociales

Si es primera vez que usted se pasa por aquí, le cuento: mi nombre es José Miguel Peña Virgili y soy arquitecto de la Universidad del Bío Bío. En ese escenario profesional es que quiero hacer un acercamiento respecto a una nota subida en el sitio web del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, en la que se hablaba de una jornada de proyección del trabajo de regeneración de condominios sociales.

Según se relataba en el sitio oficial, se reunieron en Santiago los funcionarios Minvu de seis regiones del país, para compartir experiencias y aprendizajes y proyectar el trabajo venidero. En dicha cita, se conversó respecto a ciertas problemáticas de este tipo de viviendas y de qué tanta capacidad de gestión se le permite tener al Minvu para estos casos.

Claro, una de las conclusiones fue la de fomentar los vínculos entre municipios, gobiernos regionales y otros entes estratégicos, pues la labor ciudadana va mucho más allá de lo que pueda hacer cualquier institución. Sin embargo, mi pregunta es ¿qué tanta claridad se tiene acerca de los problemas derivados de la vida en una vivienda o condominio social?

Si bien las respuestas son muchas, una noticia publicada en el diario La Tercera a finales del año 2013, clarificó en parte una situación que no es sorpresa. Tal como indicaba el titular del artículo, un 28% de los condominios sociales de Santiago presenta mala accesibilidad. No obstante, líneas más abajo, se evidenciaba que los problemas se hacías profundos en asuntos como el tamaño de los departamentos, falta de acceso a servicios y áreas verdes y una deficiente calidad en las construcciones.

Entonces, ¿basta simplemente con “proyectar trabajo”? Difícilmente. La situación es bastante más compleja en nuestro país y dice relación, estrechamente, con políticas habitacionales insuficientes, que responden más a la cantidad de techos entregados que a un aporte sincero y duradero a la calidad de vida de las personas.

Algunos problemas comunes

Generalmente, los condominios sociales, también llamados “blocks”, corresponden a edificios de baja altura, con departamentos familiares pequeños, en los que los bienes comunes –como las fachadas, techos y escaleras─ pertenecen a todos los propietarios de departamentos del edificio.

Los principales problemas que suelen presentar, son las filtraciones de agua en los pisos superiores, las ampliaciones ilegales, los microbasurales que se forman en el vacío de espacios mal planificados, las luminarias insuficientes y las áreas verdes y de juegos muy mal mantenidas.

Al menos en lo que a mí respecta, todo el conflicto transita por la única cornisa del espacio y la superpoblación. Ocurre que, si el espacio se hace insuficiente dentro, la lógica del comportamiento humano hará a las personas salir de sus departamentos para hacer su vida en el exterior, legítimamente suyo y de sus vecinos, como forma de escapar al hacinamiento propio de viviendas escasas en metros cuadrados. De allí, se propician las ampliaciones con material peligrosamente ligero y el excesivo desgaste de estructuras para las que, el diario vivir, empuja a otros usos, como colgar ropa en tuberías externas ante la falta de mejores instalaciones.

Sumado al pobre equipamiento urbano de los alrededores, queda en absoluta evidencia el descuido con que se trazan los planes de vivienda social en nuestro país. Lamentablemente, se ha priorizado históricamente la cantidad por sobre la calidad, estimando erróneamente el comportamiento humano y desvinculándolo de las influencias de su ambiente más próximo.

A primera vista, desde mi posición como arquitecto, los beneficios de un correcto aprovechamiento de espacios y una inteligente distribución de accesos a servicios básicos, permitirá no solamente entregar dignidad, sino hacer un real aporte a la igualdad en todos los estamentos de nuestra sociedad.

Espero sus comentarios.

José Miguel Peña Virgili.

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - Primarias

Unas primarias deshabitadas: ¿de quién es la democracia?

Si bien debería movilizar masas e invocar sentidos de pertenencia en todos los sectores, las primarias electorales de 93 comunas del país, llevadas a cabo este día domingo 19 de junio, fue un absoluto fracaso en convocatoria. Los motivos, para muchos relacionados con la celebración del Día del Padre y con los festejos post goleada futbolera, fueron el reflejo de múltiples factores que hacen que la democracia, en nuestros tiempos, no sea prioridad. Mi nombre es José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del BíoBío, y les quiero hacer algunos comentarios al respecto de nuestra cada vez menos colorida “fiesta de la democracia”.

El duopolio, instalado tras la salida del poder de la dictadura, ha visto pasar por su lado a decenas de partidos y candidatos independientes que han florecido tan rápido como marchitado. La Nueva Mayoría y Chile Vamos, hoy denominados de manera renovada luego de portar nombres que dejaron de gozar de prestigio –si alguna vez lo tuvieron-, son la cara más visible de un proceso que está empezando a consolidar los síntomas de hastío que arrastra desde hace algunos años.

A pesar de que la escasa participación ya es un problema en sí mismo, más grave resulta aún el hecho de que no hace falta superar el pobre 6% de participación del domingo para que una u otra coalición alcance puestos públicos, pues ocurre que hemos dejado de atender la profunda relación que tiene la democracia con la representatividad y el hecho de pertenecernos, en cierta medida, a todos como país.

La idea de volver a instaurar el voto obligatorio no es más que una salida simplista a una crisis política altamente honda, que no requiere una inclusión en urnas sino en ideas, entendiendo que las decisiones nacionales son patrimonio de todos. Cuestionamientos al sistema de transportes, el descontento en educación, la eterna problemática de la salud y unas políticas habitacionales prácticamente desreguladas, son la piedra angular de una flagrante omisión de los deberes cívicos en respuesta a una sensación de indolencia generalizada en la ciudadanía frente a sus demandas a las autoridades.─ José Miguel Peña Virgili.

No hemos de olvidar la escasa representatividad con la que el actual gobierno llegó al poder y los muchos llamados que se hicieron a “renovar la política” de parte de todos los sectores. Además, se sigue profundizando aquella estadística en cada encuesta de medición de la satisfacción ciudadana, que sólo han servido para quitarle el respaldo a una clase poderosa que ha sido infinitamente menos práctica de lo que se esperaba, entrampándose en burocracias y procesos inconducentes.

Como arquitecto y constante interesado en las temáticas sociales, considero que es hora de un cambio en la manera en que las grandes problemáticas se asumen. La resolución de problemas no debe dar más trabajo, sino simplemente respuestas. Es necesario que volvamos a creer en que sirve de algo ponernos de acuerdo y empecemos a cosechar los frutos de ser una de las sociedades de mejor pasar en este rincón del planeta, haciéndonos cargo de una democracia que, aunque no queramos verlo, nos pertenece a todos.

Al parecer, las brechas que siempre hemos querido acortar se han alargado tanto, que ya es imposible generar el punto medio de antaño, que nos reunía a todos en torno a una urna. Hoy, quien está por descansar en una de ellas, es la democracia misma y la soledad completa en que quedó abandonada. Y no en una urna de papeletas, precisamente.

¿De qué forma creen ustedes que puede volver a acercarse la política a la gente?

¿Qué tan claro tenemos que los cambios se hacen desde adentro y no desde la pereza?

Espero sus comentarios.

 

José Miguel Peña Virgili.

 

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - Iglesias de Chiloé

Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad

Estimados seguidores, mi nombre es José Miguel Peña Virgili y les quiero comentar, en esta ocasión, acerca de una acción notable de rescate de lo patrimonial, por parte de una institución que le da vigor a su posición en el país.

El pasado 26 de mayo se realizó la ceremonia de inauguración de “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”, exposición realizada por la Dirección de Extensión de la FAU y que contó con la charla magistral de Diego Ramírez, arquitecto egresado de la FAU, quien presentó su trabajo como parte del Programa Chiloé de la Facultad.

Este programa, con más de 40 laboriosos años de existencia, es el origen de un estudio acabado que vio sus primeros frutos en el año 2000, en la obra de los profesores Yoshiko Nakashima y Patricio Basáez. En febrero de 1976 fue cuando se dio inicio al estudio de la arquitectura de Chiloé mediante el “Programa de Protección y Desarrollo del Patrimonio Arquitectónico de Chiloé”. Luego de esa fecha, se publicó un libro temático y se presentó en Madrid un proyecto de financiamiento para la restauración de algunas iglesias.

Con el largo paso de los años, el proyecto fue ganando fuerza y una enorme trayectoria, con exposiciones fotográficas itinerantes y una retribución constante de conocimientos mediante cursos de extensión impartidos a los profesores de Ancud. Además, la puesta en escena de este tema en seminarios en Europa y la difusión del material investigativo en otras ciudades de Chile, terminó por otorgarle a las iglesias de Chiloé el merecido sitial que hoy ostentan en el panorama cultural nacional.─ José Miguel Peña Virgili.

La expo hoy

En la casona de la FAU se presenta esta exposición, con fotografías y maquetas de  iglesias -como la de Achao, Aldachildo, Castro, Chonchi, Colo, Dalcahue, Detif, Ichuac, Nercon, Quinchao, Rilan, San Juan, Tenaun, Vilipulli, Chelin y Caguach- de forma gratuita, para todo público y hasta el 28 de junio.

La principal virtud de este maduro vínculo entre la Universidad de Chile y Chiloé es el mutualismo surgido entre dos íconos de nuestro patrimonio, que se sirven entre sí para dar rescate al legado arquitectónico y cultural nacional, gracias a estudios que no buscan simplemente observar y analizar en silencio, sino que se manchan las manos con el ajetreo de la restauración y mantención de aquello que los convoca.

En Chile, la labor del área estudiantil está plenamente aprovecha do en proyectos como este, puesto que generan lazos con otros entes académicos y fomentan el turismo, la identidad y la ciencia, entregándole valor a construcciones representativas de la isla de Chiloé. Como parte del Patrimonio de la Humanidad, las iglesias de Chiloé tienen más de un siglo de existencia y describen pedazos de la vida de este pueblo, siendo, un efecto de su estudio, el mejor entendimiento de la historia trazada bajo cada una de sus construcciones.

Es vital el impulso ciudadano a la labor de la FAU en este proyecto. El conocimiento de quiénes somos, a pesar de ser tarea de todos, surge de las manos de quienes están llamados a ser los motores de difusión de un presente y pasado que nos congrega a todos como sociedad y que, en estas pequeñas exhibiciones, ofrece una oportunidad única de acercamiento.

Si la Universidad de Chile ya cumplió su labor, si el mundo está reconociendo la belleza de una herencia cultural, si todo está tan cerca, ¿cumplirá usted visitando “Iglesias de Chiloé: Patrimonio de la Humanidad”?

José Miguel Peña Virgili

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - INBA

I.N. Barros Arana destruido por nuevo terremoto

  • Por José Miguel Peña Virgili

El estandarte de lo que debiera ser el ideal en educación pública de calidad para cualquiera que la defienda, más aún para quienes tuvieran visiones de izquierda o incluso anarquistas el Internado Nacional Barros Arana, fue ideado por el Presidente José Manuel Balmaceda el año 1887 para entregar educación y formación al pueblo, como única fórmula real de entregar libertad, porque los ignorantes nunca serán libres.

Así fue su desarrollo, al menos hasta la década de 1960 cuando comenzaron las reformas educacionales ideológicas en Chile. Se trataba de un internado que recibía estudiantes de todo Chile, de todas las condiciones socioeconómicas, quienes contaban no sólo con grandes aulas de clases, sino también con cine (lugar donde, además de la entretención, antes de la aparición de la televisión la ciudadanía se informaba de las noticias del mundo), piscina temperada, laboratorios, canchas deportivas, academias, librerías, correo, talleres, sastrería y un cuerpo académico que hacía clases en el Internado y paralelamente en Universidades.

Desde el Internado Barros Arana surgieron 18 premios nacionales, personalidades de todos los ámbitos sociales, económicos y de intereses como Patricio Aylwin, Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, Mario Recordón, Alipio Vera, Sergio Muñoz, Luis Maira, Nelson Ávila, Alberto Bachelet, Max Marambio, Ricardo Abumohor, Carlos Cardoen, o Reinaldo Solari.

En la dictadura fue usado por la DINA y la CNI como centro de torturas y muertes, pero felizmente fue rescatado por la Democracia, fundamentalmente por el gobierno del presidente Aylwin.

El Internado Nacional Barros Arana sufrió destrucción por los terremotos de 1985, que destruyó su estructura más antigua, y por el terremoto del año 2010, que provocó daños avaluados en US$1 millón de dólares.

Gracias a una donación de SQM de mismo monto, a fines del año 2010, durante el Gobierno del Presidente Piñera, logró los recursos para una completa restauración.

Sin embargo, un grupo de estudiantes provocó destrozos en todo el histórico colegio, estimados en $400 millones de pesos. Como todo daño patrimonial, en muchos aspectos se trata de destrozos irreparables.

Se trata de un nuevo terremoto, pero esta vez era predecible, era evitable, y se pueden tomar prevenciones para que no vuelva a ocurrir.

Lo que complica las cosas es que las históricas demandas de los estudiantes, siempre legítimas y apoyadas en general por la comunidad, hoy están encabezadas, no por líderes, que bien preparados y capacitados conduzcan a sus comunidades, sino que se trata de representantes, prácticamente de voceros que justifican la violencia, como si fuera táctica necesaria de una estrategia mayor.

Curiosamente la gran mayoría de las autoridades que hoy sufren con esta radicalización y violencia, como el Intendente Orrego o la Alcaldesa Tohá si lideraron federaciones de estudiantes en épocas de mucho menos libertad de expresión que hoy, pero con actitud republicana y buscando soluciones que no se encuentran en otro lugar que no sea conversar con el poder ejecutivo o legislativo.

La responsabilidad del Estado y del Gobierno hoy es considerar el escenario, evaluar las posibles consecuencias y adoptar las actitudes propias de quienes tienen que cuidar el bien común, construir un país, a veces incluso a pesar de decisiones que pueden ser impopulares, evitar caer en ambigüedades y no permitir que en honor a la libertad de expresión se destruyan los cimientos de una democracia, de una república que tantas vidas y esfuerzos costó a Chile.

Como sostenía el presidente Balmaceda, la verdadera libertad se tiene cuando se posee el conocimiento suficiente para decidir y luego se puede asumir la responsabilidad por actos realizados en absoluta conciencia. Hoy lamentablemente vemos el resultado de jóvenes sin lectura, sin espíritu de investigación, formados en la simple escucha de mensajes propagandísticos, en frases hechas, que siguen y repiten a quienes hablan con slogan, que son la contradicción e inconsecuencia misma.

Dios quiera que Chile sobreviva.

Me cuentan sus opiniones.

José Miguel Peña Virgili.

 

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - Valparaíso

Valparaíso requiere mayor infraestructura portuaria, cuidando el patrmonio

  • Por José Miguel Peña Virgili

En toda una polémica local y regional se transformaron los proyectos de construcción del nuevo Terminal 2 del Puerto de Valparaíso y la edificación de un mall en el sector Barón del Puerto. Pero, como muchas veces, es necesario tener una o varias miradas en perspectiva para intentar rescatar los elementos positivos o negativos de estas obras que son más que proyectos, ya que han pasado sus respectivas etapas de evaluación y se encuentran muy avanzadas hacia su concreción.

Una ciudadanía empoderada no es la que solo se atreve a exigir acciones a sus autoridades, sino la que también se informa con anticipación y posee perspectivas más completas para que sus determinaciones tengan el suficiente fundamento, todo con el objetivo de que esas exigencias apunten al crecimiento y no a la autodestrucción.

En este sentido, lo primero es convenir que Valparaíso es una ciudad puerto que históricamente ha brillado en Chile y en el mundo por su importancia en dicho contexto, donde la esencia y riqueza total de la ciudad nace y puede morir en ser lugar de tránsito para la llegada y salida de mercancías, fundamentalmente, de todo el país, e incluso internacional.

Pero esa naturaleza tiene desafíos trascendentales que, más allá de discusiones acerca de detalles que pueden ser muy relevantes, la mirada en perspectiva debe obligarnos a observar. Se dice mundialmente que el rendimiento de un puerto es el mejor indicador acerca del nivel de la economía, y quizás de la calidad de vida de una nación. Ese ha sido el barómetro que significa Valparaíso para Chile.

El puerto es primero, es lo que da razón y existencia a la ciudad que se levantó a su alrededor y en su nombre. Luego, ese conjunto sinérgico es lo que ha dado fama y reconocimiento mundial por su patrimonio cultural por cerca de 500 años. Si el puerto es lo que dio vida a la ciudad, entonces la principal preocupación para el país y para todos debiera ser el cuidado de su desarrollo junto con la precaución ante las amenazas a estas condiciones.

Por otro lado, Valparaíso no está dentro de los 20 principales puertos del mundo que informa el Top World Container Ports, ni tampoco dentro de los puertos más destacados del Océano Pacífico, lugar que por lejos ocupan los países y zonas del lado asiático como China, Singapur, Malasia, Hong Kong, o Corea del Sur. Por el lado americano existen competidores muy fuertes que avanzan a pasos agigantados como Long Beach y Los Ángeles en Estados Unidos, Panamá, Guayaquil y Manta en Ecuador, El Callao en el Perú, e incluso los puertos de Arica y San Antonio en Chile, el primero de ello ayudado por el tránsito permanente de un cuarto de las exportaciones de Bolivia, mientras “Pancho” arriesga dormirse en los laureles.─José Miguel Peña Virgili.

En ese contexto, no cabe otra conclusión que la necesidad de sobrevivencia de construir el Terminal 2 del puerto.

La discusión entonces se une en perspectiva a la del mall del sector Barón, y se alinea con polémicas en otras zonas de Chile, como fue el levantamiento de un centro comercial en Chiloé: Ante la necesidad, el problema no es si construir o no construir, sino que hacerlo en armonía para potenciar el patrimonio y la identidad de una geografía natural o urbana.

Desde el año 1850 Valparaíso ha hecho noticia por destructivos e irreparables incendios de sus construcciones patrimoniales, lo que incluso provocó la fundación en el país del cuerpo de Bomberos, pero que hasta nuestros días dan cuenta de una necesidad urgente de protección que debiera ser más importante incluso que el miedo a nuevas construcciones que pudieran impedir verlas, descubrirlas, o por cierto reemplazarlas.

El año 2010, con posterioridad al Terremoto del 27/F, nació en Chile el Fondo del Patrimonio Cultural que desde entonces reúne aportes privados y públicos entorno a los $5 mil millones de pesos anuales para la restauración y conservación de sitios y obras urbanas de esas características. Sin duda fue un salto necesario y positivo para Chile, pero es absolutamente insuficiente para las reales necesidades, no olvidemos que el paso del tiempo implora cada vez con mayor urgencia ocuparse de las obras del pasado del puerto de Valparaíso, incluso más que de su presente y por supuesto de su futuro.

Saludos,

José Miguel Peña Virgili.

 

Jose Miguel Peña Virgili
José Miguel Peña Virgili - Contaminación

Preemergencia en Santiago: cuando ya nada sirve

Saludos a todos mis lectores. Soy José Miguel Peña Virgili, arquitecto de la Universidad del BíoBio, y les quiero extender una inquietud respecto a la vida en Santiago y la contaminación propia de estas fechas.

El penúltimo fin de semana de junio fue algo más agitado de lo normal. Sumado al “efecto selección” y la culpabilidad que muchos le asignaron a los asados con que la familia esperaba el fútbol, el aire se puso altamente denso y fulminado de smog y contaminación en general, con niveles críticos de material particulado al punto tal de decretar preemergencia ambiental en la ciudad de Santiago.

Para el día lunes 20 la situación no fue mucho más alentadora, aun cuando en algo pareció menguar la toxicidad de la atmósfera respecto a la noche sabatina, que registró peaks altísimos, según palabras del titular de Medio Ambiente, Pablo Badenier.

Evidentemente, las medidas de restricción fueron las pertinentes y se restringió el tráfico vehicular, tanto para catalíticos como para tradicionales. Sin embargo, Badenier señaló que “cuando se decreta una preemergencia o una emergencia se toman medidas para disminuir las emisiones, obviamente asados familiares son situaciones muy difíciles de fiscalizar o poder evitar”.

Mi duda entonces es respecto a si se estarán o no haciendo bien las cosas en cuanto a políticas medioambientales en Chile. ¿Cómo es posible que, a pesar de haber fomentado en los 90 el uso de vehículos catalíticos y luego, en los 2000, el uso del transporte público, hoy se esté apuntando a los asados familiares como responsables de la mala calidad del aire? ¿Se está, acaso, más interesado en buscar la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio?─José Miguel Peña Virgili.

Lo cierto es que, tras varios intentos por hacer un cambio duradero en la situación de ventilación santiaguina, siempre se vuelve a los mismos discursos evasivos y la vida urbana en la capital se torna cada vez más ruda, haciéndose vital la toma de decisiones a largo plazo que realmente vayan en beneficio de la ciudadanía.

Es claro que cada ciudadano tiene ciertos deberes que cumplir que, en no pocas ocasiones, se evaden irresponsablemente y solamente se recuerdan a la hora de exigir derechos civiles. Es muy común que se olviden gestos básicos como el uso del automóvil solo cuando es estrictamente necesario, el uso apropiado de leña y, entre otros, no prender parrillas en días complicados; pero lo que aún es más común es ver cómo fracasa una y otra vez cada implementación descontaminante. Y ni hablar de la educación respecto al tema, que fracasa también en algo tan simple y funcional como la masificación de la bicicleta, a causa de ciclovías muy mal planificadas y casi nulamente interconectadas.

Una idea

Fuera de todo lo que ya se ha dicho, es importante tomar conciencia de que los riesgos de la contaminación son gravísimos para la vida citadina en general y, en vista de aquello, soluciones individuales pueden ser mucho más valiosas que la espera por una normativa gubernamental eficiente.

Como suele ocurrir, nuestro ojo debe estar puesto en países nórdicos a la hora de buscar un buen ejemplo en cualquier ámbito. En este caso, Copenhague sienta las bases de un plan vanguardista que pretende tenerla como ciudad carbono neutral en 2025.

Principalmente, las tácticas danesas tienen que ver con la transformación del transporte público en carbono neutral, el aumento porcentual de su uso, el aumento del uso de la bicicleta como medio principal, la implementación de nuevos combustibles y la introducción de techos verdes para edificios. Esto último, a mi parecer, representaría una absoluta novedad en nuestra capital, considerando que todo lo demás suena tan a imposible para algunas de nuestras autoridades. La creación de techos verdes para nuestros edificios permitiría el mejor aprovechamiento de las aguas lluvias, la estabilización de la temperatura en los alrededores y la descontaminación paulatina de la fracción atmosférica más cercana al piso.

Si bien la crítica es sencilla desde un escritorio, les dejo el llamado a la reflexión y los invito a compartir y opinar al respecto.

Saludos,
José Miguel Peña Virgili.

Jose Miguel Peña Virgili

¡Hola a todos!

¡Hola! Mi nombre es José Miguel Peña Virgili, soy un arquitecto egresado de la Universidad del Biobío con formación profesional en el Technische Universitat de Berlín, Alemania. Actualmente soy el CEO de INSATEC, donde me desempeño como arquitecto aplicando todos los conocimientos y la experiencia que he adquirido a lo largo de mi carrera. Me interesa crear instancias para poder conversar en torno a lo que me apasiona y exponer algunas situaciones relacionadas con la arquitectura y el urbanismo. Sean bienvenidos.

Jose Miguel Peña Virgili